
Corro hacia donde se pone el sol entre las nubes, donde crecen las flores en primavera, allá donde la luz empieza a calentarte los pies, donde la arena fina es blanca y se resbala entre los dedos, donde el paisaje consigue trasladarte al fin del mundo, donde no existe tener que echar de menos. Corro por besar el cielo en pijama, por entender qué dicen las estrellas, por escuchar otra vez esa voz amiga. Corro por las cosas que tenemos pendientes, el teléfono que sigue descolgado, las listas a medio hacer, la colada de los domingos y el amor los fines de semana. Corro hacia un lugar donde hay cometas en el cielo, los niños corretean en la orilla y aviones de papel sobrevuelan al atardecer. Un lugar en el que los abrazos estén a la orden del día, donde Ziggy Alberts toque en directo al ritmo de las olas. Corro a donde no falten las sonrisas ni el algodón de azúcar, donde los amigos te den calor a todas horas, donde haya te quieros improvisados, a todas horas. Un lugar donde no tengas que crecer ni despedirte.
L.