
Grandes fotógrafos se han convertido en mitos haciendo de su nombre un paso por la historia y un significado en la memoria de muchos que contemplaron su obra. Si amamos o veneramos a un artista será que sentimos algo al verlo, leerlo o escucharlo. Presos de esa sensibilidad tan particular de cada uno. El artista tiene el poder de compartir entre todos una emoción especial que lo hace único. Pintores, fotógrafos, cantantes, han hecho mella en nuestro imaginario porque fueron capaces de transmitir a su manera trozos de una vida o un sueño. Para nosotros, la necesidad de algo ansiado o el descubrimiento real o no de conocer otro mundo, otra gente. Como viajar o descubrir, todo ello va conformando el resultado de nuestra imaginación y las ganas por querer ver y aprender más allá de lo que tenemos en el armario. La belleza de otra vida revelada en un carrete o en un libro. Así es. Nos marcan por el cómo y por el qué, por la forma que tienen de capturar detalles de lo desconocido o de un mundo que conoces visto desde otra perspectiva. Los detalles son capturados en color, en blanco y negro, en digital o en analógico para enviarnos un mensaje entre líneas. Suele ser algo sutil e inteligente que tú leerás debatiéndote entre la metáfora y la realidad, entre la copia que tienes entre manos y el pensamiento de alguien que desde el otro lado del mundo tuvo el privilegio de capturar ese momento. Consiguen desplazarnos a otro tiempo y a otro lugar, y eso es lo que más nos gusta. Una postal bonita o un lienzo que sepa cautivar los ojos del espectador, no hace falta más. El secreto se encuentra guardado en el poder del objetivo, donde el significado se vuelve infinito y no se puede llegar a tocar.
L.


