Hacer camino

Cuando empezó el estado de alarma fui invadida por las prisas. Prisas por recoger la oficina, coordinar la huida hacia el teletrabajo y cancelar ese viaje a Tenerife que tanta ilusión me hacía. Por entonces creo que ni yo ni nadie fuimos conscientes de la que se venía encima y simplemente encadené con el que sería un nuevo estilo de vida. Podría dormir más, pensé, hasta aquí todo bien. Me adapté, convencida de que vivir el día a día en casa sería una oportunidad, podría por fin tener tiempo de parar. En mi caso no experimenté ningún cambio de rutina, viví las primeras semanas sumergida en la vorágine del trabajo y recuerdo cómo abracé la nueva situación como si hubiera cogido las maletas a alguna otra parte. Me invadió un sentimiento de conexión con todos y con todo. Con los vecinos en el barrio pero también en los comercios, en el televisor, amigos y familiares. Lo sentí como el despertar de la humanidad. Incluso ahora que anochece más tarde veo cómo el cielo se deja ver con la luz del atardecer, como un canto a la esperanza que nos acompaña a la hora de los aplausos. He visto cómo el sentimiento de unión del que tanto oímos hablar estos días se asoma a nuestras ventanas a las 20h, se hace eco en los spots de televisión, en los podcast de tantas marcas, en los directos de artistas y en las tertulias de grandes y pequeños empresarios. #Pararparaseguir ha sido uno de los mensajes que más me han hecho reflexionar estos días. Yo, que me dedico a la comunicación, puedo decir que está siendo apasionante ver cómo el mundo se ha volcado para echar una mano en el formato (y canal) que sea y cómo se rinde en solidaridad con la comunidad mostrando su mejor versión y escuchándonos más que nunca. ¿Qué va a ser del futuro? Estamos en un buen momento para que las marcas y nosotros mismos mostremos nuestra mejor versión y con ella, hagamos camino. No sé vosotros pero ver cómo este nuevo escenario está haciendo que mucha gente cambie el prisma desde el que vemos las cosas es lo más emocionante, porque si de algo podemos estar seguros es que saldremos de esta con los pies más en la tierra que nunca.

L.

Best things

Cogí el tren para huir del ruido ensordecedor de septiembre y el anhelo de unas vacaciones en el Norte. Me estaba haciendo al nuevo barrio, el portero parecía por fin saludarme y los vecinos poco a poco eran más amables. Había dejado atrás el reflejo de un año que atravesó ante mí como el surfista serpentea victorioso una buena ola. Hay que saber parar, me dije. Pese al run run acompasado que no dejaba de oír en mi cabeza, a la distancia pensé que lo había hecho lo mejor posible. Con alguna primera cana, kilos de más y falta de sueño pero la certeza de dejar atrás otro capítulo en el que siento me hago mayor o más fuerte o quizás las dos cosas. Sigo aprendiendo, supongo que como todos y de nuevo, esa sensación de tener que despedirse que tan poco me gusta. Muchas risas y una gran experiencia, de esas que solo unos pocos entenderían.

La aventura vuelve a llegar ahora al centro de la ciudad, el despertador suena más tarde y me descubro entre perdida y encontrándome de nuevo rodeada del abrigo de rostros conocidos, ese Cuídate anda con acento andaluz y besos de gente querida. Desayunos, comidas y la adrenalina de descubrir y conocer. Miradas nuevas se cruzan conmigo, sonrisas, vistas al parque y la emoción de volver a ser, esa. El abrazo entre lo desconocido y lo que se puede convertir en lo que queramos en realidad, nunca se sabe.

El tren me deja en primera línea de mar, me hago paso entre turistas deseosos de tomar el sol y gente del pueblo, los de aquí, me falta tiempo para dejarme caer en la arena. A esta hora están abriendo los puestos del paseo, parejas y solitarios desayunan en el café, veo tostadas recién hechas y siento que el sol me quema a lo lejos. El mar y Ben Howard en repeat me acompañan durante todo el día, no se puede pedir más.

L.

A mi querida amiga

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Créditos fotografía: Hedi Slimane

Tuve que ver a Pietro y Bruno al ritmo de la música de Daniel Norgren, contemplar esos paisajes infinitos y emocionarme con sus montañas para parar a recordarnos. Recordarnos de verdad. Como a cámara lenta reviví ese todo tan especial que compartimos esos años. Mientras la vida nos enseñaba y crecíamos juntas. Fuimos, estuvimos, igual que Pietro y Bruno. Recuerdo ese tirando de la vida que tanto nos unía, esos sueños, ese descubrir curioso y constante que teníamos. Ese nos vemos en 5 minutos en la esquina. Ese subo o bajas. Esas ganas de vernos. Pietro y Bruno narran esa emoción que sentía. La fortaleza, la esperanza y la libertad de vivir, de vivir en mayúsculas. Ellos interpretan a la perfección esa amistad que te ilumina, que te llena el alma, la necesidad de compartir y ese no sentirte solo, tan necesario a veces. Ese para lo bueno y para lo malo que oyes en las bodas. Pietro y Bruno son risas sin descanso, también son llantos y silencios, son abrazos y son la vida. Tuvieron la suerte de encontrarse y conectar y supieron con el tiempo comprenderse, aceptarse y respetarse. Supongo que a todos os sonará el estribillo.

Igual que en la historia de Pietro y Bruno y sus montañas, perdí a mi mejor amiga. Todo eso sigue ahí, en alguna parte. Como en el film, la vida es, la vida sigue y estamos aquí para asegurarnos que no pase de largo. Son esas personas con las que llegas a conectar, esas vivencias, las que te hacen ser. Tu corazón no para ni parará y aunque algunos ya no estén, sabes que, de alguna manera, seguirán contigo.

L.

La casa de tu vida

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Créditos fotografía: Hedi Slimane

Mi madre me llamó para pedirme consejo, arrastrada por la emoción y la necesidad de un cambio a una nueva etapa, me dije. ¿El objetivo? Darle otro aire a una casa en la que había vivido un tercio de toda una vida, un sitio bonito donde seguir sintiéndose a gusto al acabar el día, un lugar que invitara a seguir pasando tiempo con los que más quiere.

Tuve la suerte en mi niñez de disfrutar la vida de esa casa, aún recuerdo el olor a su perfume por las mañanas, su sonrisa al llegar del trabajo y gente amiga comiendo los domingos. Ahora, años más tarde, había llegado el momento y la ilusión de remodelar aquellos metros de hogar con nuevas pinceladas de colores. Pintar un espacio que oliese a cambio, a aventura, sin perder su estilo y personalidad, el amor, el arte, la cultura y la música. Pintaría paredes, tiraría libros, alfombras y muebles de viajar, cambiaría de lugar las habitaciones y tendría que sentarse a reciclar recuerdos del pasado. Mucha fotografía a cámara lenta, de la de antes, imágenes de su niñez y la nuestra, y todo lo que aún quedaría por recorrer quedaría guardado en esa casa. Aquel hogar seguiría intacto, el olor del cariño seguiría resonando por las paredes, una casa amable y acogedora para los que la conocen y para muchos, un lugar al que siempre acudir en busca de una sonrisa.

Así, juntas elegimos nuevos colores inspirados en revistas, buscamos algunos muebles y la luz cambiaría por completo. La decoración parecería distinta, el color era otro pero aquel salón amigo seguiría invitándote hasta el anochecer y el dormitorio donde dormía de chica seguiría con las mismas vistas al parque.

L.

Las cosas buenas

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Créditos fotografía: Hedi Slimane Diary

Feliz viernes, feliz despertar, feliz descanso, felices días de sol, tardes largas, noches en vela, siestas debajo de un árbol, pies en el agua salada, felices chapuzones. Felices paseos relajados, sin relojes ni despertadores, felices salidas al parque, tumbonas en primera fila, sombrillas de colores, arco iris improvisados, felices cenas en cualquier parte, feliz descubrimiento de playas infinitas, felices puestas de sol. Felices los que observan, los que miran desde el balcón, los que hacen la cola del cine, los que compran sin prisa, los que están. Los que se quedan. Felices los que viajan, los que van, los que vienen, felices en familia y con amigos, felices por descubrir, por no consultar el correo, por sentarse sin más, felices por leer, felices con resaca y sin ella. Felices sin planes, felices de trasnochar, de escribir. Feliz verano. Hasta la vuelta.

L.

Ese lugar, y yo

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Créditos fotografía: Hedi Slimane – Hills

Me arrastré como la corriente en busca de libertad y encontré un pequeño tesoro entre las montañas y aquellos lagos azul verdoso con los que viviría para la eternidad. El olor a mojado, a campo y la sonrisa en las mejillas me impulsaban a seguir andando, a no parar. Había bosque que parecía encontrarse con las nubes y aquellos árboles con sabor a verde ceniza que dejamos atrás mientras el cielo te saludaba ante la inmensidad de aquel imponente paisaje. La experiencia de un lugar virgen e infinito había llegado a mi en el mejor momento, una bocanada de aire lejos del ruido y de la gente. Me acerqué a ese lago embalsamado como un regalo a la mirada, las montañas me habían salvado por un momento y yacían en paz, como escuchándome. Recuerdo como los ojos se me iban humedeciendo mientras contemplaba aquel lugar desde el coche, una emoción que se convertiría luego en una postal que guardar en el fondo de algún cajón. El olor a limpio entre colinas, la brisa fresca que corría entre las puertas y aquel amor que vivimos brillaban desde el amanecer. No había vuelta atrás, aquel sitio se había convertido en mi amuleto, una vía de escape temporal. Las montañas parecían hablarme a todas horas, las miraba y las dibujaba en mi mente, veía cómo los árboles se movían con el viento y como salidos de un cuadro, nos sentamos a contemplarlos bajo la calidez del sol y la bruma que dejó caer aquella noche de julio. Con el paso de las horas nos quisimos cada vez más y poco a poco me había vuelto a encontrar, perdida entre lágrimas de recuerdos. De repente me desperté entre sueños, tal vez la necesidad de quedarme me gritaba por dentro y pensé, puedes volver mañana o cuando más lo necesites.

L.

Estar y nada más

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Créditos fotografía: Hedi Slimane Diary

Llegué despierta y temprano, ajetreada, con las prisas y la poca paciencia de hacer una cola en Caprabo, las ansias de empezar una vida o hacer un alto en el camino, que suena mejor, o no. Me había dejado la muda, las chanclas y el reloj, con total confianza sabía que me aferraba a mi y aquel equipaje de playa que había hecho dormida la noche anterior. La pasta de dientes o el champú siempre se pueden encontrar en el super, a cualquier hora. Sentía la fuerza de alguien que se entrena para subir la cima de una montaña y la firmeza de los que compiten en triatlones. El sentimiento y las ganas de comerte el mundo. Centrarme en el ahora era lo único que parecía importar. El run run de alguien que se había apoderado de mi y que buscaba saltar hacia la siguiente pantalla. Nunca mejor dicho.

Con la cara de niña con la que crecí entre esa playa de Cuéntame, aquella terraza con vistas a lo desconocido y ese característico olor a mar del Sur, me dejé querer. Me envolví de tierra, de agua y el calor del sol. La arena caía bajo mis pies, la orilla me acompañaba durante horas de charla y mis manos se tendían, abiertas al sol. ¿La necesidad de volver? no sabía hasta cuando. Me embarqué con la emoción, sin billete de vuelta a decir adiós. Sin controles ni horarios, alejada de la soledad, los sueños y los recuerdos de lo que un día fui. Me embarqué a estar o no estar, daba igual. Me arropé del calor de una familia que quiere ofrecerte lo mejor, no importa cómo. Me acostumbré a sus sonrisas, el jaleo, el bullicio y el ritmo de la aventura de vivir. Y nada más. Ziggy Alberts sonaba constantemente al ritmo de las olas y me acordé de todos esos años en los que venía a esa playa a celebrar mi cumpleaños. La terraza con vistas. Aquella puesta de sol y los helados de última hora.

Los vecinos siguen saludándote en la escalera, quizás la gente de allí nunca envejece o saben hacerlo de otra manera. Niños, abuelos, padres, caminan, hablan, comen, sin prisa…no importa. El paraíso es para muchos durante todo el año. El cariño de la gente del Sur tiene otro nombre, amigo y amable. La brisa, el va y ven en la orilla, los pareos de colores y todos aquellos que felices como yo habían querido pasar unos días alejados del asfalto. Y si te fijas, a lo lejos, se veían parejas bajando en globo mientras los espetos se hacían sobre la leña de un fuego que parecía no apagarse nunca. El mismo que te avisa cada día a la hora del aperitivo. Mirar la orilla del mar y nada más. De eso se trata. El sabor a pescado fresco te inunda junto a la melodía de aquellas voces amigas que te llaman para despertarte. Suena el móvil pero estas lejos, qué más da.

L.

And a Happy New Year

Créditos fotografía: Hedi Slimane Diary

Te deseo coraje para decir basta, valentía para luchar por lo que quieras, agallas para perseguir tus sueños. Te deseo un brindis por quien te quiera bonito, que olvides a quien se olvidó de ti, que abras la ventana a tu nueva aventura. Te deseo el día menos pensado que te mereces. Que no te conformes y que te atrevas. Te deseo ojeras y risas, noches de sueños y el mundo a tus pies. Que siempre hay abrazos para los más queridos y calor para los que más te necesitan. Que planees nuevos recuerdos. Te deseo miradas a quien enamorar, atardeceres y playas desiertas. Te deseo besos de los que duran, amaneceres en pijama y risas con los que te importan. Te deseo huracanes de emociones, cariño y ternura a grandes dosis. Te deseo una nueva canción, un alguien especial que te rehaga, una mano que te ayude a enfundar el nórdico todas las semanas. Te deseo 365 días sin sentido, de incertidumbre, locura y emociones.

L.

A place apart

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Créditos fotografía: Hedi Slimane Diary

Fui a Bali por las playas y volví con toda una vida

Entre sonidos de claxon y torrentes de motos que nos acompañaban por la ventanilla, el frenesí del coche nos adentró en el profundo Sur de la isla. Me dejé llevar. Me dejé llevar como se deja llevar una niña cuando se sujeta a su padre para no caerse. La aventura de lo desconocido no tardó en trasladarme a ese punto entre emoción, adrenalina y un estado de dulce despertar constante, que te invita a observar el paisaje como una película a cámara lenta. A todo color. Empecé a contemplar lo que nos depararía aquel hermoso pueblo Balinés tan noble y humano que ya nos había seducido. Sentí ese olor tan característico de un lugar original y auténtico. El olor a coco, a ofrendas, a humedad, a mar, a bullicio, a comida y también a felicidad. Bajé la ventanilla y me senté a mirar. El color de la piel de los Balineses, sabor tostado, se rendía ante mí. Sus ropas dejadas, su extrema delgadez y sus miradas infinitas se movían con prisa y sin miedo. El aire me rozaba la cara mientras iban apareciendo aquellos majestuosos templos, casitas con tejados en punta, así me gustaba llamarlos. Grabados de dragones, serpientes, elefantes, formaban parte de un Bali atado a sus costumbres religiosas. El jaleo de aquella isla, famosa por sus olas, se abría paso para descubrir lo que sería el principio de un viaje que quedaría grabado en nuestra memoria. En Indonesia encontré la autenticidad de una sonrisa, de una puerta abierta, conocí viajantes de mundo y el vaivén de la gente se apoderó de mi. Aquel ruido frenético y la inmensidad de una vegetación que no duerme, acaban acostándose contigo al anochecer. Un lugar del que nunca querrías irte, me dije.

L.

Santa Monica Dream

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Créditos fotografía: Hedi Slimane Diary

Goodbye to my Santa Monica Dream. You tell me stories of the sea, and the ones you left behind. Goodbye to the roses on your street, goodbye to the paintings on your wall, goodbye to the children we’ll never meet and the ones we left behind. – Angus and Julia Stone

Aprendimos a salir corriendo aún con las ganas del qué pasará. Que hay que plantarle cara a las emociones, esconder las telarañas y barrer el polvo cuando te toque. Nos enseñaron a escribir, a atarnos los cordones, a ir en bicicleta pero no te enseñan la otra mitad del camino. Bendita experiencia. Por el punto y final que siempre llega, por El Principito que nos ayudó a entender el mundo desde otra perspectiva. Por el miedo que nos llama a todas horas, por los sueños que no cumplimos, por las promesas que nos regalaron y las historias que aún nos roban el sueño.

L.

Espacios de diseñador

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Créditos fotografía: Hedi Slimane Diary

Que el Covid está haciendo estragos en la economía del país es un hecho y en estos momentos de incertidumbre son muchos los que nos preguntamos, y luego, ¿qué? Las redes sociales se hacen eco a diario de de iniciativas solidarias, la realidad de cierre de muchas empresas y cómo el mundo parece haberse unido por una causa común. Organizaciones, gobiernos y empresas, trabajan para que salgamos lo mejor parados de este revés que nos ha sorprendido a todos.

Hoy he sabido que Jaime Beriestain se despedía de su tienda, la Concept Store que tenía en pleno Eixample y todavía estoy digiriendo la noticia. Ha sido a través de un vídeo muy emotivo en su cuenta de Instagram que decía adiós a un proyecto que ha marcado un referente en la ciudad en cuanto a diseño y uno de mis lugares preferidos. Me empiezo a preguntar si Barcelona seguirá cerrando sus puertas y qué será de lo que ya no está cuando todo esto pase.

Hacía años que el interiorista había convertido un piso en pleno centro del ensanche en una obra de arte. Su sello personal elegante y cosmopolita convivían en formato tienda y café-restaurante, donde podías encontrar piezas originales de diseño, arte, decoración e interiorismo. Recuerdo la estantería llena de libros de la entrada, no podías evitar llevarte algo. Era el lugar por excelencia para muchos amantes del interiorismo y también de los paladares más finos.

Las flores te esperaban en la puerta del número 181 del Carrer Pau Claris y así lo recordaré.

L.

Sueños a contraluz

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Créditos fotografía: Hedi Slimane Diary

Corro hacia donde se pone el sol entre las nubes, donde crecen las flores en primavera, allá donde la luz empieza a calentarte los pies, donde la arena fina es blanca y se resbala entre los dedos, donde el paisaje consigue trasladarte al fin del mundo, donde no existe tener que echar de menos. Corro por besar el cielo en pijama, por entender qué dicen las estrellas, por escuchar otra vez esa voz amiga. Corro por las cosas que tenemos pendientes, el teléfono que sigue descolgado, las listas a medio hacer, la colada de los domingos y el amor los fines de semana. Corro hacia un lugar donde hay cometas en el cielo, los niños corretean en la orilla y aviones de papel sobrevuelan al atardecer. Un lugar en el que los abrazos estén a la orden del día, donde Ziggy Alberts toque en directo al ritmo de las olas. Corro a donde no falten las sonrisas ni el algodón de azúcar, donde los amigos te den calor a todas horas, donde haya te quieros improvisados, a todas horas. Un lugar donde no tengas que crecer ni despedirte.

L.

To the Good Times

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Créditos fotografía: Hedi Slimane Diary

“People will walk in and walk out of your life, but the one whose footstep made a long lasting impression is the one you should never allow to walk out.” ― Michael Bassey Johnson

El ritmo improvisado iba marcando los pasos. El sol calentaba el viento gélido de la noche anterior y con él, nos dejamos llevar por La Dichosa entre bonitos trajes de pedrería, flores abotonadas, peinados de siete de la mañana y la emoción de la aventura de vivir. Quien quiere más. Los acordes de jazz se iban escuchando entre voces, carreras de pasillo y memorias de una vida que aguardaban en cada rincón. Me acordé de todos los meses que habían pasado para llevarnos a donde estábamos ahora. La historia de nuestras vidas. Con ella, contuvimos los nervios y las sonrisas se colaron por bambalinas entre pañuelos de algodón, sombras de ojos y algunas lágrimas que guardaríamos para más tarde. Una mano encantada daba el toque final a la estrella del día y en un lugar que no está escrito, el imponente traje aguardaba el momento de ser descubierto.

Más lejos, en una plaza llena de historia, las palomas al viento sacudían sus alas sobre fachadas de piedra y campanadas de celebración. El relato de caras conocidas rebosaba expectante entre abrazos, cariño y ese cuánto tiempo sin vernos, qué guapo estás. Lo que se suele decir en estos casos. Las puertas por fin dieron paso a la emoción y en un abrir y cerrar de ojos había llegado la hora. El hilo de la melodía sinfónica iba acompañando aquella entrada pausada que quedaría enmarcada para el recuerdo y con ella, la imagen de ese vestido blanco –corte princesa griega- que se iba haciendo paso al son de los acordes, los aplausos de los más queridos y palabras de amor pronunciadas a voces. Oímos el sí quiero entre flashes, besos y versos regalados a todos los presentes. El silencio del eco se apoderó de la sala y los Chicos del Coro hicieron su aparición. Ya estaba todo dicho. La luz de aquella magia que nos había invadido a todos seguiría encendida hasta el amanecer.

L.

Clara & Alex 04/03/17

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Créditos fotografía: Hedi Slimane Diary

Por quienes ponen nuestro mundo del revés.

Dicen que los grandes amores se encuentran por casualidad. Que la complicidad se riñe con la amistad y que la risa es siempre nuestra mejor aliada. Que el amor no se compra con dinero, que el cariño y la ternura no nacen sino se hacen. Que una relación empieza por respeto y que el cuidarse y sorprenderse no acaban en la luna de miel. Que nunca se está demasiado cansado para escuchar cómo te ha ido el día. Que hoy por ti mañana por mí. Que sobran los motivos y muchas veces las palabras. Que cuando nos queramos sea de verdad. Que siempre es tarde para discusiones tontas de domingo. Que todo valga la pena.

Por despertarte junto a tu mujer y que te invada la felicidad.
Por perdonar, confiar, esperar y soportar todo lo que venga.
Por convertirte en su mejor amiga y él en el tuyo.
Por los viajes improvisados y las pequeñas cosas.
Por lo que todavía no está escrito.

Por cogerle de la mano y pensar: lo hemos hecho.

Sabéis, nosotros escogemos a quienes dejamos entrar en nuestro mundo. El resto no siempre está en nuestras manos.

Que los abrazos y los te quieros no basten nunca, y que sean eso: para toda la vida.

L.

Parar para seguir

Conformarse no es más que una palabra inventada por algún sabe lo todo que un día se creyó mejor. Un mal uso que viene arrastrándose del bendito término “conformar” que viene de conformar el carácter propio. El carácter y el talento se hacen y se ganan con el esfuerzo, que ya te lo tengo dicho. Aquel que demuestras a tu jefe en el trabajo y a tu novia al llegar a casa. De ese por el que sentirte orgulloso al salir a la calle, por el que te reconocen y por el que te quieren. No intentes cambiar el cariño de la gente que te rodea porque siempre será la mejor medicina, el remedio contra la aclamada soledad y la rutina que conforman tu agenda del día. Para mal o para bien. Piénsalo, al final solo hay siete días de la semana contando el día del Señor, un montón de laborables y unos pocos festivos para salir a divertirse. Y la cuenta vuelve a empezar con un número en el calendario y el reloj que sigue marcando las horas así que ya estás tardando que el tiempo aprieta. No esperes. No malgastes tu tiempo ahí sentado hasta que alguien mejor que tú venga a darte una palmadita en el hombro. Corre anda que todavía eres joven, ya es tiempo de recupera esa lista que un día escribiste, ve a buscar aquello que te desvele por las noches y aplícate a valorar lo que tienes.

L.