
Me sorprendí entre Gladiolas y Crisantemos. Fue la noche de un viernes en la calle Oruro de Madrid, con esas ganas de agarrar una copa de vino y brindar por el fin de semana. Qué nombres tan curiosos tienen las flores, pensé. Parece como un ritual de vida. Olían a verde, a campo, a bosque mojado, a pureza. Gracias a ellas me trasladé por unos minutos a mi remanso de paz en el norte, rodeada de verde, de lluvia y capturada por la autenticidad de un paraje que te cautiva. Aquel ramo que sostenía tenía que tener nombre y apellido, teníamos que bautizarle para el recuerdo. Andrea le pusimos. Pongamos en situación al lector que alguien como yo nunca distinguiría más allá de una rosa, una orquídea o una margarita. Así de perdida voy en materia de Naturaleza. Mi madre me desheredaría. Ella que sueña con sus huertos de higos y limoneros. Entonces me puse a indagar en el significado que tenían aquellas preciosas flores blancas y verdes que tenía entre mis manos, algo tenían que decir. ¿De dónde vienen? ¿Quiénes son? ¿Cuál es su historia? Al parecer, las Gladiolas provienen del campo mejicano, eso decía el bueno de Google. Representan la pureza y la sinceridad en los sentimientos. Cómo iba a saber yo todo aquello. Iba leyendo el abstracto en scroll y pensaba: qué acertado para la ocasión. Y seguí leyendo entre el ruido ensordecedor de la gente, risas, copas de vino, y la mejor compañía. La tradición dice que el Gladiolo es un símbolo de buena suerte y de prosperidad. Justo lo que necesitaba (o más bien lo que necesitamos todos). Luego pasamos a leer sobre el significado del Crisantemo, aquella flor tan viva que parece que te habla a voces como si escondiese algo en su interior. Todavía huele a campo mojado. Todavía la siento conmigo. Al parecer, en Asia, el Crisantemo simboliza la vida y la felicidad. Parecía que estuviésemos leyendo un poema de Benedetti, Palafox o cualquier autor profundo que habla de la vida y los sentimientos. Nos perdimos así en la misma Wikipedia y releía: el Crisantemo promueve la buena salud y una larga vida. Lo de la larga vida me resonó al personaje del Rey León, y pensé, qué mensajes nos enviaba Disney desde pequeños sin saberlo. El momento fue mágico y me me dio que pensar. ¿Es que nos hemos olvidado del romanticismo? Andrea, está ahora en casa, y cuando la veo, no solo me acerco a olerla y sonrío. Me hace compañía y me hace recordar la fantasía del momento. Aquella niña, que se sintió cual princesa rescatada por su príncipe, llegaría a entender más tarde lo valioso de aquel detalle. En esos momentos uno solo puede dar las gracias por estar vivo. No se puede pedir más.
L.