Vivir sin miedo

«Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno». Las palabras de Rosana llegaron a quitarme el sueño en la que sería mi última noche antes de la rentrée, la vuelta a la rutina, al va y ven de la ciudad y los abrazos de mi gente. En esa última semana de agosto aprendí que somos invencibles, invencibles en letras mayúsculas, que estamos preparados para todo. ¿Esquivar el camino? Diría que todo lo contrario. Se trata de ser valientes, de pensar: eh, que estamos vivos. Nuestro poder es y será infinito, eso es algo que no se aprende en el colegio. Algo que sí te enseña La Vida. Te enseña que el miedo es un accesorio imprescindible. Con el que juegas, fantaseas, al que te enfrentas, el que te engaña en los peores momentos. Aferrarse a lo que tenemos y a quiénes somos es lo que nos hace libres. Rodearse de los más queridos, buscar esas risas cómplices, y muchas cosas más del corazón. ¿Existen piedras en el camino? Evidentemente, pero hay que pensar que el dicho es solo un cuento inventado, eso es «vivir sin miedo». No hay pociones mágicas, no hay trucos ni brujas que predigan el futuro. Cómo nos enfrentamos a la vida depende solo de nosotros mismos. En esta semana pude sentir el dolor, el sufrimiento, la tristeza, el abatimiento, la rabia, pero también el amor. La resiliencia. La fortaleza. La ternura. La inteligencia. Ese “tu puedes con todo” que nos han enseñado nuestras madres y nuestras abuelas. Ese famoso “tu mira pa’lante”. De quitarse el sombrero, ¿verdad? Ahora, emocionada, puedo decir que echo de menos todo. La montaña rusa, la intensidad diaria, las noches en vela, la unión de una familia, que, por encima de todo, se quiere hasta el infinito y más allá como diría Buzz Lightyear. He vuelto a ser una niña, he vuelto a jugar, a hacer el tonto, a enamorarme de una sonrisa y la voz de una niña de 3 años. 

Ahora pienso cuando dicen: “Cuidarse y respetarse durante todos los días de nuestra vida”. Es tan real y tan auténtico que te puedes cagar de miedo, muchos lo hacen. Porque lo que sigue dice, “en lo bueno y en lo malo”. Nadie sabe lo que pasa en la casa de al lado, pero te preguntas: ¿se perdió el amor? ¿dónde? ¿cuándo? ¿qué día? ¿a qué hora? Si buscas en lo más profundo de tu corazón, encontrarás sentimientos dentro de una lavadora, como si se estuvieran centrifugando a fuego lento. Si piensas con la cabeza, la razón hará que escribas un diario, que te des a la meditación, que pienses qué es lo que quieres. ¿Acaso alguien tiene tiempo de sentarse a pensarlo – en el bullicio de la vida? Pararse a pensar qué es lo que quieres es la barita mágica, esa que cada uno tiene guardada debajo de la almohada. Lo que te diría cualquiera en estos casos es algo así como que el tiempo lo cura todo. ¿Qué dice entre líbeas el mensaje? Aquí va. No te olvides de que el tiempo es lo más valioso que tenemos. Que lo que te hace feliz a ti, no le hace feliz al vecino del quinto izquierda. Que vida solo hay una. 

Gracias Rosana por escribir lo que para mí es el gran juego de la vida. Emocionante, imprevisible, llena de sueños y una locura maravillosa.

L.

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