
El título de la obra de Dumas no me pudo parecer más acertado para narrar las aventuras del último capítulo de mi vida. La idea surgió entre risas de Whatsapp con ese “no sabes lo que me estoy acordando de vosotros estos días”. Para mí, nosotros fuimos el trío Tra La La, pero también fuimos “Los 3 Mosqueteros”. Intercambiamos sobre la vida, las vivencias, las experiencias, la infancia, los recuerdos, los viajes, las locuras pasadas, la lucha por los sueños, la eterna ambición por querer más, ver más, conocer más; y, a la vez, simplemente estar. La unión que genera la amistad, el sentimiento de pertenencia, de familia, ese amor incondicional que te envuelve, es el que te hace levantarte por las mañanas ilusionada como lo hacías de niña. Lo que llamamos casa. He vuelto a recordar que la vida te puede dar unos grandes reveses, así, sin más. Como dicen los japoneses, la porcelana se rompe pero se transforma en oro con el paso del tiempo, es capaz de embellecerse con las grietas de su historia. Igual que la porcelana se rompe, nuestro corazón, nuestra alma, nuestra estabilidad se rompen. Lo conocido se vuelve no tan conocido. La soledad se vuelve más amarga. Las noches se hacen más largas. Y esto es la aventura de vivir, señores. He aprendido, que, como en Los 3 Mosqueteros, es la suma de la amistad y la valentía lo que te ayuda a ganar las batallas, dejando espacio para tu propia lucha interna, y también la del grupo. La constante batalla entre el bien y el mal. La vida. Una carrera de fondo como yo lo llamaría. Es en ese amor incondicional, en esas risas, en esa compañía, en ese compartir, en ese ser cada uno tan diferentes, con sus historias, sus miedos, sus ilusiones, donde está la Victoria. Es la pausa, es darle a un botón llamado calma, llamado parar, llamado disfrute, llamado amor, lo que te ayuda a reflexionar. Como en la novela, la vida, la de todos nosotros, siempre será un desafío. Continuo. Y no importa los desafíos a los que tengas que enfrentarte, importa con quien libras esa batalla. Uno para todos y todos para uno. La vida es, y siempre será, una montaña rusa. Un cambio constante. Un juego. Como quien echa una moneda al aire para saber quién empieza la partida de esta tarde. Una partida para la que nadie estamos preparados. Tiene un punto romántico si lo piensas, puede ser una continua sorpresa. Ilusión. Un ininterrumpido descubrimiento. El viaje eterno que cada uno elige cómo quiere vivirlo. Qué metes en el equipaje. Qué peaje estás dispuesto a pagar. A quién te llevas de copiloto. ¿Con destino a? A todas partes y a ninguna. Si alguien me preguntara hoy, podría encontrarme perdiéndome por mis calles preferidas de Madrid, mis cafés, viendo cuadros de Tàpies en el Reina Sofia, visitando a Niemeyer en Avilés, viendo surf, oyendo la risa de mis amigas, la de mi madre, la de mi abuela, o viendo fotos de la payasa de mi hermana; y sentada en mi sofá a mi primera hora con un buen libro. Quién quiere más.
L.