Sobre el recuerdo

“Somos lo que recordamos”, la frase de Imma Monsó resonó con tal intensidad en mi cabeza que decidí parar. Le di al botón de pause a lo que fuera que tenía encendido en el televisor, anuncié las buenas noches a quien tenía al otro lado de la línea, cené algo rápido para recuperar la energía del día y volví a leer, Somos lo que recordamos. Así, sentí el torbellino de la emoción que se volvía a apoderar de mí y la necesidad de recordar y recordarte. Busqué en mi memoria aquel restaurante donde pasabas las noches con tu padre, el dibujo de la tiny house frente al mar que algún día construirías, los artículos de viajes que te narré al descubrirme tu amor por Milos y Paxos y alguna entrada más guardada en el historial del móvil. Las imágenes de la Bentley y aquella universidad donde nos colamos y jugamos a ser estudiantes. Reviví Triana, tu carácter afrancesado y las ganas que tenías de compartir conmigo. Me volví a perder por los jardines del Palacio de las Dueñas, aquella frase de Jaime Sabines que tanto me había emocionado, la canción de amor que pusiste en repeat de camino a Bruselas. Como cuando le das a retroceder en una película, deshice todos los fragmentos de la historia donde aparecías. Volví a descubrir Villa Vauban, volví a contemplar a Magritte y volví a sentarme en Cocottes mientras te esperaba a la salida del trabajo. Igual que volví a aquella habitación con vistas, perdida entre libros de arquitectura y materiales de diseño. Ví tus ojos, me paré a ver tu mirada e hice el esfuerzo de sentarme a recordar tu voz. Me pregunto qué estarás haciendo ahora, qué tal te va. Call me by your name apareció de repente, será porque ellos me recuerdan a lo que un día fuimos. En mi caso, sigo esperando esa llamada de despedida. Aunque fuera en silencio como en la película. Cuando caí en la frase de Monsó aquella tarde tuve claro que no podía pasar la página sin más, la ventana a ti se había reabierto y no me importó. Reinterpreté de nuevo el discurso que yo misma me había dado días antes, permítete recordar, es la única manera de hacerlo.

Gracias Maria Fernanda Ampuero por tus inspiradoras palabras.

L.