
Alguien me dijo una vez que Steve Jobs era capaz de vivir con un colchón y una lámpara en su casa. Nada más. ¿Para qué tendrías una casa vacía? ¿cómo vivirías? Llegados a este punto pensé que quizás era mejor hacerse la reflexión a la inversa, ¿por qué necesitaríamos más si hay personas que viven con menos? Quizás todo se resuma en eso, qué es lo que necesitamos. El Covid habrá conseguido a la fuerza replantear cómo queremos vivir. ¿Es momento de replantearnos prioridades en cuanto a nuestras necesidades vitales? Cómo sería teletrabajar sin una mesa en la que apoyar tu ordenador en tiempos de confinamiento, sin una silla en la que sentarte a leer un libro o tus revistas preferidas, una televisión sin Netflix o un dormitorio sin cuadros que te transportan a otra vida. Si lo pienso, es verdad que un piso puede llegar a ser algo funcional o de paso para muchos, ¿la necesidad viene entonces cuando quieres tener un hogar al que llegar cada día después de un largo día de trabajo? Una bañera en la que poder hundirte para olvidar el móvil o un sofa tamaño XXL en el que acurrucarte al anochecer forman parte del estilo de vida confortable al que aspiramos pero, ¿buscamos algo más? Quizás, más que el sofá o la bañera, tener un piso a tu gusto forme parte de la necesidad de tener un espacio en el que puedas andar en pelotas cuando te dé la gana. Ese lugar donde lloras cuando nadie te ve y donde pasas tus momentos de intimidad. Si lo piensas, al final siempre estará ahí para arroparte en los días buenos y en los malos y resulta el mejor sitio donde resguardarse del ritmo frenético de nuestra vida.
L.