La casa de tu vida

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Créditos fotografía: Hedi Slimane

Mi madre me llamó para pedirme consejo, arrastrada por la emoción y la necesidad de un cambio a una nueva etapa, me dije. ¿El objetivo? Darle otro aire a una casa en la que había vivido un tercio de toda una vida, un sitio bonito donde seguir sintiéndose a gusto al acabar el día, un lugar que invitara a seguir pasando tiempo con los que más quiere.

Tuve la suerte en mi niñez de disfrutar la vida de esa casa, aún recuerdo el olor a su perfume por las mañanas, su sonrisa al llegar del trabajo y gente amiga comiendo los domingos. Ahora, años más tarde, había llegado el momento y la ilusión de remodelar aquellos metros de hogar con nuevas pinceladas de colores. Pintar un espacio que oliese a cambio, a aventura, sin perder su estilo y personalidad, el amor, el arte, la cultura y la música. Pintaría paredes, tiraría libros, alfombras y muebles de viajar, cambiaría de lugar las habitaciones y tendría que sentarse a reciclar recuerdos del pasado. Mucha fotografía a cámara lenta, de la de antes, imágenes de su niñez y la nuestra, y todo lo que aún quedaría por recorrer quedaría guardado en esa casa. Aquel hogar seguiría intacto, el olor del cariño seguiría resonando por las paredes, una casa amable y acogedora para los que la conocen y para muchos, un lugar al que siempre acudir en busca de una sonrisa.

Así, juntas elegimos nuevos colores inspirados en revistas, buscamos algunos muebles y la luz cambiaría por completo. La decoración parecería distinta, el color era otro pero aquel salón amigo seguiría invitándote hasta el anochecer y el dormitorio donde dormía de chica seguiría con las mismas vistas al parque.

L.