
Llené cajas con recuerdos de lo que nos prometimos y las hice a un lado. Tiré las pruebas de toda una vida. Las fotografías dejaron de tener significado, los viajes ya no serían sitios a los que querría volver, las listas de regalos ya no tenían importancia igual que los cumpleaños en la playa o los sueños que compartimos. Hice camino. Dibujé una señal en mi cabeza que estaría ahí para recordarme no pasar. Necesité algo que me dijera que tenía que olvidar, los ánimos hicieron el resto.
Salí corriendo hacia otra dirección y con el tiempo me acosté borrando aquel dibujo que había pintado años atrás. Me distancé de la memoria de tu voz, me tiré de cabeza a lo que sería la aventura de una nueva vida. Compré lápices, un bloc de notas, decoré las paredes y cambié de perfume. Aparté en un cajón lo que algún día podría llegar a enterrar, o no, y escapé de todo lo que me impedía seguir el camino en línea recta. Poco a poco recogí los pedazos y me transformé como animal que se adapta a su nuevo entorno. Hice hueco a nuevas promesas, disfruté de los silencios que yo misma había decidido marcar, abrí la puerta de los rincones donde te veía y brindé por el otro lado de la cama.
L.